Los 7 pecados capitales y sus virtudes

Los 7 pecados capitales son soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. A cada uno se opone una virtud: humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.

Persona arrodillada en oración junto a siete velas, una por cada pecado capital
En esta página
  1. Los 7 pecados capitales explicados con ejemplos
  2. Lista de los 7 pecados capitales y sus virtudes contrarias
  3. Origen de los pecados capitales
  4. Pecado capital y pecado mortal: no es lo mismo
  5. Cómo luchar contra los pecados capitales
  6. Preguntas frecuentes

Los 7 pecados capitales explicados con ejemplos

Soberbia, que se vence con la humildad

Es el amor desordenado de uno mismo: creerse por encima de los demás y no necesitar a nadie, ni siquiera a Dios. La tradición la considera la raíz de los otros pecados. Hoy asoma en quien no soporta que le corrijan, en quien necesita ganar todas las discusiones o en quien vive pendiente de su imagen en las redes sociales. La virtud contraria es la humildad, que no consiste en despreciarse, sino en verse con verdad. Se cultiva agradeciendo lo recibido, pidiendo perdón sin excusas y alegrándose sinceramente del éxito ajeno.

Avaricia, que se vence con la generosidad

Es el afán desordenado de tener y acumular dinero o bienes, hasta que las cosas mandan sobre la persona. Se nota en quien nunca tiene bastante, en quien escatima lo justo a quienes trabajan para él o en quien es incapaz de prestar o de dar. Se opone a ella la generosidad, que el catecismo clásico llama largueza. Se ejercita dando algo que de verdad se note en el propio bolsillo, colaborando con Cáritas o con la parroquia y preguntándose antes de cada compra si hace falta.

Lujuria, que se vence con la castidad

Es el deseo desordenado del placer sexual, buscado por sí mismo y separado del amor y del compromiso. Un ejemplo actual es el consumo de pornografía, que reduce a las personas a objetos y engancha, o la infidelidad que empieza con conversaciones aparentemente inocentes. La virtud contraria es la castidad, que no niega la sexualidad, sino que la vive con respeto según el propio estado. Ayudan la sobriedad en lo que se mira, las amistades sanas, la oración y la confesión frecuente.

Ira, que se vence con la paciencia

Es el enfado desordenado que busca hacer daño o vengarse. No todo enfado es pecado: indignarse ante una injusticia puede ser justo. Lo malo es perder el control, insultar, guardar rencor o desear el mal a otro. Hoy se ve en la conducción agresiva, en las discusiones familiares que acaban a gritos o en los comentarios hirientes en internet. Se vence con la paciencia y la mansedumbre: respirar antes de responder, dejar las conversaciones difíciles para cuando haya calma y rezar por quien nos ha ofendido.

Gula, que se vence con la templanza

Es el exceso en la comida y la bebida: comer o beber más de lo necesario por puro capricho. Incluye la embriaguez, que además puede poner en peligro a otros. Un ejemplo de hoy es picar sin medida delante de una pantalla o recurrir al alcohol como forma habitual de evasión. Su virtud contraria es la templanza, que pone orden en el placer. Se cultiva comiendo con calma y en familia, bendiciendo la mesa, guardando el ayuno y la abstinencia que pide la Iglesia y compartiendo con quien pasa necesidad.

Envidia, que se vence con la caridad

Es la tristeza por el bien ajeno y, a veces, la alegría por su mal. A diferencia de otros pecados, no proporciona ningún placer: solo amarga. Se ve en quien critica al compañero que ha ascendido, en quien compara su vida con las fotos perfectas que ve en el móvil o en quien no soporta que a su hermano le vaya bien. La virtud contraria es la caridad, que se alegra con el bien del otro. Se cultiva felicitando de corazón, rezando por la persona envidiada y dando gracias por lo propio.

Pereza, que se vence con la diligencia

No es descansar, que es bueno y necesario, sino la falta de ganas de hacer el bien, sobre todo en lo espiritual. Los antiguos la llamaban acedia: un desánimo que hace aplazar la oración, el trabajo o el cuidado de los demás. Hoy se manifiesta en dejar siempre para mañana lo importante, en las horas perdidas con el móvil o en abandonar la misa por comodidad. Su contraria es la diligencia, que significa hacer con amor lo que toca en cada momento. Ayudan un horario sencillo, empezar por lo que más cuesta y fijar un rato diario de oración.

Lista de los 7 pecados capitales y sus virtudes contrarias

Pecado capitalVirtud contraria
SoberbiaHumildad
AvariciaGenerosidad (largueza)
LujuriaCastidad
IraPaciencia
GulaTemplanza
EnvidiaCaridad
PerezaDiligencia

El catecismo tradicional lo resumía así: contra soberbia, humildad; contra avaricia, largueza; contra lujuria, castidad; contra ira, paciencia; contra gula, templanza; contra envidia, caridad; contra pereza, diligencia.

Origen de los pecados capitales

La lista no aparece tal cual en la Biblia, aunque cada uno de estos vicios se condena en ella. Procede de la experiencia de los monjes de los primeros siglos. En el siglo IV, Evagrio Póntico, que vivió en el desierto de Egipto, describió ocho «pensamientos» malos que tientan al alma. Juan Casiano llevó esa enseñanza a los monasterios de Occidente, y en el siglo VI San Gregorio Magno la ordenó en siete vicios principales, con la soberbia como raíz de todos.

Con el tiempo la lista quedó fijada en la forma que hoy se aprende en la catequesis. El Catecismo de la Iglesia Católica la recoge en el número 1866, citando precisamente a Casiano y a San Gregorio.

Pecado capital y pecado mortal: no es lo mismo

Se llaman capitales porque son «cabeza» de otros pecados: de la envidia nacen la murmuración y la calumnia; de la avaricia, el fraude; de la ira, el insulto y la violencia. El nombre habla de su capacidad de engendrar otros males, no de su gravedad.

Un pecado es mortal cuando se trata de materia grave y se comete con plena conciencia y consentimiento deliberado. Por eso un mismo pecado capital puede ser leve en un caso, como un momento de impaciencia, y grave en otro, como un odio que lleva a destruir a alguien.

Cómo luchar contra los pecados capitales

  • Identifica tu punto débil. Los maestros espirituales aconsejan descubrir el defecto que más se repite y empezar por él.
  • Examínate con regularidad con un examen de conciencia, que puedes completar con los diez mandamientos.
  • Trabaja la virtud contraria con un propósito pequeño y concreto cada semana, mejor que con grandes resoluciones.
  • Confiésate y reza el acto de contrición con sinceridad cuando caigas, sin desanimarte.
  • Sal de ti mismo con las obras de misericordia: el egoísmo está detrás de casi todos estos vicios.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los 7 pecados capitales?

Soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. A cada uno se le opone una virtud: humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia.

¿Por qué se llaman pecados capitales?

Porque son la cabeza o el origen de otros pecados y vicios, como explica el Catecismo de la Iglesia Católica en el número 1866. No significa que sean siempre los más graves.

¿Cuál es el peor de los pecados capitales?

La tradición cristiana, desde San Gregorio Magno, considera la soberbia la raíz de todos los demás, porque pone al propio yo en el lugar de Dios. Por eso la humildad se tiene por la base de las demás virtudes.

¿Los pecados capitales están en la Biblia?

No como lista de siete. La enumeración procede de los monjes de los primeros siglos y de San Gregorio Magno, aunque la Escritura condena cada uno de esos vicios en muchos pasajes, por ejemplo en la carta a los Gálatas (5, 19-21).

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