Las siete palabras de Jesús en la cruz
Los evangelios recogen siete frases que Jesús pronunció desde la cruz. Meditarlas una a una es una forma antigua y muy española de acompañarle en sus últimas horas.

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Oración para meditar las siete palabras
Jesús, Maestro bueno,
hasta en la cruz seguiste enseñándonos.
Cuando apenas podías respirar,
aún tuviste palabras de perdón, de promesa,
de cuidado por tu Madre y de confianza en el Padre.
Quiero escucharlas ahora como las escucharon
María, Juan y las mujeres al pie del madero.
Que no resbalen sobre mí como frases conocidas,
sino que entren hondo y cambien algo en mi manera de vivir.
Dame silencio interior para recibirlas
y un corazón dócil para ponerlas en práctica.
Tú, que eres la Palabra eterna del Padre,
no dejes de hablarme.
Amén.
Se reza al empezar, antes de la primera palabra.
Las siete palabras
Primera palabra: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»
Lucas 23, 34
Lo primero que sale de los labios de Jesús crucificado no es una queja, sino una súplica por sus verdugos. Intercede por los soldados que cumplen órdenes, por los jefes que lo han condenado y por la gente que se burla. Incluso les busca una disculpa: no saben lo que hacen. Esta palabra desarma nuestra lógica de la revancha y nos recuerda que también nosotros hemos sido perdonados muchas veces sin merecerlo.
Padre, por esta primera palabra de tu Hijo, arranca de mi corazón todo resentimiento. Amén.
Segunda palabra: «Hoy estarás conmigo en el paraíso»
Lucas 23, 43
Uno de los malhechores crucificados junto a Jesús reconoce su culpa y le pide que se acuerde de él cuando llegue a su Reino. La respuesta supera lo que había pedido: no un recuerdo lejano, sino la compañía de Cristo ese mismo día. Nunca es tarde para volverse a Dios. Esta promesa consuela a quien teme por un ser querido alejado de la fe y anima a quien piensa que su pasado le cierra la puerta.
Jesús, acuérdate de mí y no permitas que desespere de tu misericordia. Amén.
Tercera palabra: «Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre»
Juan 19, 26-27
Junto a la cruz están su Madre y el discípulo amado. Jesús, a punto de morir, se ocupa de ellos y los confía el uno al otro. El evangelista añade que desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. La Iglesia ha visto en este gesto un regalo para todos: María queda como madre de los creyentes, y cada discípulo está llamado a acogerla en su vida.
Santa María, que te recibamos en nuestra casa como Juan y aprendamos de ti a estar junto a la cruz. Amén.
Cuarta palabra: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
Marcos 15, 34; Mateo 27, 46
Marcos y Mateo conservan este grito en la lengua que hablaba Jesús. Son las primeras palabras del salmo 22, la oración de un justo perseguido que termina en confianza. Cristo experimenta la oscuridad de sentirse lejos de Dios y la convierte en oración. Por eso quien atraviesa la noche de la fe, la depresión o el luto puede decirle al Señor con sinceridad lo que siente, sin miedo a escandalizarle.
Señor, cuando me sienta abandonado, que mi queja siga siendo una oración dirigida a Ti. Amén.
Quinta palabra: «Tengo sed»
Juan 19, 28
Tras horas de tormento y pérdida de sangre, Jesús siente una sed abrasadora, y le acercan una esponja empapada en vinagre. Es la palabra más sencilla y humana de las siete. Los santos han visto en ella también otra sed: la de las almas, la de ser amado y correspondido. Hoy Cristo sigue teniendo sed en los que carecen de agua, de pan, de compañía o de sentido.
Jesús sediento, que no te niegue el vaso de agua que me pides en mis hermanos. Amén.
Sexta palabra: «Todo está cumplido»
Juan 19, 30
No es el suspiro de un derrotado, sino la declaración de quien ha llevado a término su misión. Jesús ha hecho la voluntad del Padre hasta el final y ha amado a los suyos hasta el extremo. Nada ha quedado a medias. Esta palabra nos invita a revisar cómo vivimos nuestras tareas y vocaciones, y a desear llegar al final de la vida con la conciencia de haber entregado lo que se nos confió.
Señor, ayúdame a cumplir con fidelidad lo que me pides cada día, en lo grande y en lo pequeño. Amén.
Séptima palabra: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»
Lucas 23, 46
Con un grito fuerte, Jesús pronuncia un verso del salmo 31 que los judíos piadosos rezaban antes de dormir. Su último aliento es un acto de abandono confiado en el Padre. La muerte no le arrebata la vida: Él la entrega. Muchos cristianos repiten esta frase al acostarse o al acompañar a un moribundo, pidiendo morir como Cristo, en paz y en las manos de Dios.
Padre, en tus manos pongo hoy mi vida y, cuando llegue la hora, pondré también mi muerte. Amén.
De dónde proceden las siete palabras
Ningún evangelio recoge las siete frases juntas. Tres aparecen solo en Lucas, tres solo en Juan y la del abandono en Marcos y Mateo. La piedad cristiana las reunió en un orden que va del perdón a los enemigos hasta la entrega final al Padre, y así se meditan desde hace siglos en la tarde del Viernes Santo.
El sermón de las Siete Palabras en España
En muchas parroquias españolas se predica el Viernes Santo, entre el mediodía y las tres, un sermón que comenta cada palabra, intercalado con cantos y silencios. La tradición más conocida es la de Valladolid: la Cofradía de las Siete Palabras organiza cada Viernes Santo el sermón en la Plaza Mayor. Desde primera hora de la mañana, cofrades a caballo recorren la ciudad leyendo el pregón que lo anuncia, y a mediodía se predica ante varios pasos de la Pasión reunidos en la plaza.
Esta devoción también dejó huella en la música: Joseph Haydn compuso a finales del siglo XVIII Las siete últimas palabras de nuestro Salvador en la cruz por encargo desde Cádiz, para acompañar la meditación del Viernes Santo.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las siete palabras de Jesús en la cruz?
Perdónalos, porque no saben lo que hacen; hoy estarás conmigo en el paraíso; ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre; Dios mío, ¿por qué me has abandonado?; tengo sed; todo está cumplido; y en tus manos encomiendo mi espíritu.
¿Cuándo se predica el sermón de las Siete Palabras?
El Viernes Santo, normalmente en las horas centrales del día, antes o cerca de la celebración de la Pasión del Señor. Cada parroquia fija su horario.
¿Cuál fue la última palabra de Jesús?
Según Lucas, «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu»; según Juan, «Todo está cumplido». En el orden tradicional, la encomienda al Padre ocupa el séptimo lugar.
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